En 1982 el destino del Ford Falcon era
muy incierto. Ya se vislumbraba el final de la vida comercial del veterano
modelo, cuyas líneas principales poco habían cambiado desde su lanzamiento
local, en 1962.
A pesar de
su antigüedad, el Falcon seguía siendo el coche mas vendedor de Ford y uno de
los “top seller” del país. No tenía competencia en su segmento, ya que era un
nicho en desaparición para esa época. Sus grandes rivales de la década
anterior, como Chevrolet sedán, Torino y Dodge Coronado ya se habían dejado de fabricar, sin
reemplazantes. Los modelos importados que habían entrado al país a principios de la década eran en su gran mayoría de
motorizaciones de cuatro cilindros, por lo cual el Falcon con su configuración
de seis en línea prácticamente era un fósil mecánico viviente.
En 1982
aparece el sexto restyling del modelo. Restyling como los que nos tenía
acostumbrados a ver el Falcon, es decir, pequeños cambios estéticos en su
exterior, que afectaba principalmente a faros y parrilla. Tales retoques
provocaban que sus detractores insistieran en que se trataba del mismo auto que
fuera concebido a finales de la década de los 50s.
Pero sus defensores
argumentaban que detrás de esos cambios estéticos menores había dos décadas de
desarrollo y perfeccionamiento de su maquinaria, lo que hacía que el producto
pudiera exhibir pergaminos que lo acreditaban como el auto más probado y
confiable del mercado.
El rediseño
de 1982 estaba basado en la imagen del nuevo Taunus, presentado en el país el año
anterior. No sólo inspirado sino que lisa y llanamente tomaba los mismos
elementos de aquél, en el caso de las ópticas traseras, por ejemplo. El Taunus
europeo derivaba del Ford Granada, y de éste tomaba también las llantas de
aleación, que fueron utilizadas también en el Falcon modelo 1982. Los espejos
retrovisores también eran idénticos a los del Taunus.
Presentaba
paragolpes cromados con punteras plásticas y topes de goma. La parrilla era de
barras plásticas longitudinales. Los faros delanteros rectangulares estaban
flanqueados por pilotos de giro color naranja. Las manijas de las puertas eran
embutidas, como en la serie precendente.
Juntamente con las versiones mas
equipadas del Taunus, eran los dos únicos modelos que ofrecían techo vinílico
en Argentina, modalidad que estaba cayendo en desuso en esos años. El techo de vinilo estaba
disponible en tres colores, bronce, negro y azul.
Perdía los
ventiletes en las ventanas delanteras, y ganaba una luneta térmica. En el
sector trasero las ópticas heredadas del Taunus estaban unidas por una plancha
de color negro. El tope de gama se llamó “Falcon Ghia”, ocupando el lugar que
hasta la generación anterior tenía el “Futura”. Aparecían elementos plásticos a
manera de ventiletes en el parante “C”. Cumplían la función de deflectores para
intentar mejorar mínimamente la pobre aerodinamia del coche.
Puertas
adentro todo era nuevo. Tablero, asientos, tapizados. Los espejos retrovisores
eran de comando interior. La dirección era servoasistida y mejoraba la
performance de la dirección hidráulica de la generación anterior, especialmente
en ruta y a altas velocidades. El aire acondicionado era opcional aún en las
versiones Ghia y las suspensiones traseras eran de elásticos, siendo el único
auto del mercado en ofrecer en ese año tan antigua configuración.
El motor
del Falcon Ghia era el de 3,6
litros de 132 HP. Otras versiones equiparon el 3.0, el
2.3 de cuatro cilindros del Taunus ofrecido sólo en 1983 e incluso un raro 2,4
Diesel de origen italiano cuya provisión por parte del autopartistas era
deficiente, lo que hizo a que muy pocas unidades salieran de fábrica con ese
impulsor, cuya potencia era además insuficiente para mover el peso del coche.
Gracias al
cambio de imagen, y a pesar de los malos pronósticos en cuanto a su performance
comercial frente a la competencia, en 1983 el Falcon se transformó por quinta
vez en su historia en el auto mas vendido de Argentina. En 1985 sus ventas
comenzaron a decaer, por lo cual Ford comenzó a eliminar elementos costosos de
su equipamiento. Así, sucesivamente fueron desapareciendo el motor 221 (3,6 litros ), los
tapizados de cuero, las manijas cromadas y el techo vinílico. Para la época de
Autolatina (fusión regional con Volkswagen) Ford sigue restando calidad al
Falcon. Desaparecen las llantas de aleación y aparecen tazas plásticas
similares a la del Sierra. Para 1990 se eliminan todos los cromados y el modelo
Ghia pierde las butacas delanteras, presentando un anacrónico asiento enterizo.
En Setiembre de 1991 sale de la fábrica de General Pacheco el último Falcon
argentino, luego de ser producidas 494.209 unidades en 30 años.
La
miniatura de la colección “Autos Inolvidables Argentinos 80/90s” es de muy
buena factura, y le he hecho algunas modificaciones. Levanté un poco las
suspensiones ya que la llanta trasera no era completamente visible tras el
guardabarros. El tren delantero viene un poco atrasado y también queda la
rueda parcialmente tapada, por lo cual lo adelanté un tanto. Pinté los
interiores, el escape, agregué antena y desempañador trasero.
CRUISER










































