El cambio
generacional producido en el diseño americano de los años 50s dejó atrás las
crujientes carrocerías mitad acero, mitad madera para los vehículos familiares.
Aquellas pintorescas pero poco prácticas conjunciones de materiales disímiles
dejaron paso a las carrocerías completamente hechas de acero.
Las toscas
“bestias de carga” disfrazadas de “familares” dejaron lugar a otros vehículos
confortables y lujosamente equipados. Según la oferta se refinaba, la demanda
acompañaba. Tener una “camioneta” familiar aparcada en los barrios suburbanos
era sinónimo de éxito. En 1958 las camionetas representaban el 14,5 % de la
producción total. En 1959 ese porcentaje se amplió a uno de cada siete
vehículos producidos en Detroit.
Particularmente
en Chevrolet, ese porcentaje llegó a ser uno de cada cinco. Y no era para
menos. El Impala Station Wagon tenía todo para ser un producto tentador. Su
precio se ubicaba en una posición intermedia entre los sedanes mas baratos y
los mas lujosos, y derivaba de un sedán probado y admirado.
La
tendencia de los “Station Wagons” era ofrecer mas y mas comodidades y
equipamiento, lo que aumentaba los márgenes de ganancias de terminales y
concesionarias. Eran cruceros de lujo, algunos presentando como novedad una
tercera fila de asientos. Aire acondicionado, radio con parlantes distribuídos
por todo el habitáculo, ventanas traseras de accionamiento eléctrico y muchos
detalles mas.
El Station
Wagon Impala de 1959 debía reemplazar al venerable “Nomad”. Además de su
equipamiento de confort, presentaba una oferta de tres motores. Un seis cilindros
en línea y dos V8. Presentaba inyección de combustible en todas las variantes. Los
motores mas potentes llegaron a ofrecer 315 HP, una potencia inusualmente alta
para vehículos de perfil familiar. Tal potencia era necesaria para asegurar el
buen funcionamiento del aire acondicionado en habitáculos tan grandes.
Las cajas
eran manuales de tres o cuatro marchas, y automáticas “Powerglide” de sólo dos.
Curiosamente no se ofrecían frenos a discos sino a tambor, lo que desató las críticas
de las revistas especializadas. La suspensión delantera era inependiente.
La
miniatura es de resina, marca Spark.
CRUISER























































