La historia
del Tucker Torpedo, por todos conocida, es una de las mas apasionantes del
mundillo automotor. En este post hablaremos algo acerca de eso, sin profundizar
demasiado, y mucho de la miniatura de Yat Ming, que tento me costó conseguir.
Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos
emprendedores independientes pretendieron seguir lanzados a la aventura de
diseñar y construír su propio coche, en medio de un país exultante por la
victoria en la contienda, y en plena expansión económica. Fue el caso, por
ejemplo, de Henry Kaiser y Preston Tucker. El gobierno estadounidense, para
compensar, impulsó a los emprendedores independientes, para intentar equilibrar
un poco debido a que las grandes compañías habían sido largamente beneficiados
con contratos para construcción de maquinaria bélica.
Ya vimos
aquí que Studebaker lanzó el primer modelo de posguerra totalmente novedoso, el
Champion. Pero la estrategia de Tucker fue diferente. Su intención fue ir mas
allá, rompiendo con todos los parámetros anteriores, diseñando un coche de
características muy innovadoras, que incluían un estilizado diseño inspirado en
la aeronáutica.
Las
novedades incluían un motor bóxer de seis cilindros refrigerado por aire,de
ubicación trasera (inspirado por los trabajos de Porsche en Europa), frenos de
disco, inyección de combustible, instrumental al volante y tablero acolchado. El
frontal presentaba un tercer faro, orientable, que servía para iluminar en
curvas y se encendía automáticamente siempre que el volante girara la
trayectoria en mas de 10 grados.
Bajo las
directivas de Tucker, el diseñador Alex Tremulis, que había trabajado en
Auburn, Cord y Duesenberg, fue contratado sólo seis dias antes de finalizar el
proyecto, para repasar, corregir o mejorar las líneas directrices establecidas
por el propio Preston Tucker. El 24 de diciembre de 1946 inició sus trabajos y
el 31 del mismo mes fue aprobado el proyecto definitivo. El diseño final
alcanzó un coeficiente de penetración aerodinámica de apenas 0,27 medido con
los parámetros de hoy, mucho mejor que el de casi todos los coches de
calle de producción de la actualidad.
Los
componentes estructurales eran innovadores. Una especie de jaula protectora
hacía el habitáculo mas seguro, y puede adivinarse ese marco estructural viendo
los perímetros de las puertas y su particular configuración.
La caja de
dirección estaba detrás del eje frontal, y era colapsable en caso de choques. El
motor y la transmisión eran montados en marcos que permitían un rápido desmonte
y una reparación más rápida y económica. El motor tenía 9,7 litros de cilindrada
y 150HP de potencia. Poseía modernas cámaras de combustión hemisféricas y
válvulas a la cabeza operadas por aceite y presión en lugar de árbol de levas.

Los
pormenores de la fabricación y la presentación del prototipo están
magistralmente contados en una película de Hollywood de la década pasada, la
cual recomiendo a cualquier entusiasta de la historia del automóvil. Para la
presentación en sociedad del protoitipo hubo que “hacer tiempo” durante la
ceremonia, ya que detrás de las bambalinas, los técnicos no terminaban de hacer
ajustes al coche. Los problemas del motor, en especial de su sistema de
válvulas, hicieron que para la producción en serie se decidiera reemplazarlo
por uno mas convencional, de marca Franklin, y destinado en principio a equipar helicópteros.

Los
problemas técnicos continuaban, y la empresa necesitó de un empréstito de 17
millones de dólares para asegurar el inicio de la producción en serie, del
coche que ya había generado expectativas en todo el país. Para asegurarse otro
ingreso extra de 2 millones de dólares, Tucker inició una preventa anticipada
de accesorios aún cuando el auto no estaba disponible, lo que lo llevó a
enfrentar demandas por estafa. Se dice que las tres grandes compañías de
Detroit, amenazadas por tan innovador concepto que representaba el Torpedo,
fogonearon tales demandas a fin de minar la reputación del coche y de su
constructor. El senador por Detroit, Homer Ferguson, fue finalmente señalado
como responsable de la caída de Tucker, por haber sido lobbista de los tres
gigantes automotrices americanos. En definitiva, sólo un prototipo y 60 coches
de producción fueron terminados, de los cuales 57 sobreviven hasta el día de
hoy. Una unidad subastada en 2008 alcanzó la cifra de 1.017.500 dólares.

Mas de una
vez he dicho aquí que me apasiona terminar de detallar miniaturas de Yat Ming.
La marca china “low cost” presentaba moldes muy bien hechos, y pintura de muy
buena calidad. Fallaba en el detallado, pero con un mínimo de dedicación y con
poca precisión (ya querría tener mas cualidades en ambos aspectos) se pueden
mejorar considerablemente y dejarlos en condiciones de posar al lado de otras
miniaturas de mas alcurnia.
En este
caso detallo los trabajos que le hice al Tucker. Pinté los interiores en dos
tonos de azul, según fotos de uno de los modelos reales. El volante, que era
originalmente totalmente plateado, lo pinté en color marfil, dejando cromado el
aro de la bocina. He sombreado de negro las ranuras de parachoques delantero y las
rejillas de ventilación de la zona posterior y las montadas en los guardabarros
traseros. También pinté de rojo lo que vendría a representar los acrílicos de
los pilotos traseros, que eran originalmente una pieza íntegramente cromada.

Pinté de
plateado los marcos de la tercera ventana lateral posterior , de color
carrocería el aro de llanta que bordea a las tazas cromadas, al igual que el
centro de las mismas. Agregué limpiaparabrisas de acero (lel modelo los trae
moldeados en el acrílico de los parabrisas dobles), y adicioné una antena de
radio. También pinté de plateado los manillares de las puertas, que el
fabricante presenta del mismo color de la carrocería, y las seis salidas de escape que aparecen en la parte inferior del parachiques traseros, originalmente de plástico negro. En el frontal, pinté
desde atrás los faros principales con color blanco, porque lo spinches de
inserción de sección cuadrada eran muy notables. Los pinté de blanco porque no
sé por qué extraño motivo si lo hiciera de plateado se seguirían viendo
oscuros, efecto negativo que ya comprobé en otros casos. También pinté de color
plata las hendiduras del molde donde deberían estar los pilotoe delanteros. Si
tuviera la habilidad y la precisión milimétrica del colega Pablo Marinig,
quizás en esos pequeños huecos podría haber insertado piecitas de
plástico transparente para simular los acrílicos, pero lejos estoy de la
portentosa habilidad del amigo de Vicente López. En definitiva, muchas
intervenciones que hicieron que este Tucker de Yat Ming pase a honrar de mejor
manera a un ejemplar extraordinario dentro de la historia de la industria
automotriz, que realmente se merece el esfuerzo.
Como no tomé fotos del modelo antes de los retoques, aquí pongo un par tomadas de la web, para ver al coche tal cual sale de la caja.
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