Otro de los
hipotéticos deportivos Gran Turismo que pudieron haber derivado de aquellos
memorables prototipos de TC, es una versión “Stradale” de la legendaria LiebreII. Esta nota se enmarca en un contexto de “realidad paralela”, del que ya
hemos hablado en oportunidad de la nota sobre el Fast Chevrolet.
Este
automóvil heredaba las líneas principales del prototipo de TC, pero presentaba
un cambio en su parte más polémica, que era el sector trasero del techo. En
lugar de aquella curiosa configuración cuasi “break” del modelo original, el de
calle tenía una zaga baja y plana, con un abultamiento central que recordaba al
del Torino original.
Este
biplaza spider tenía un techo plástico desmontable, sin el cual quedaba como
una “barqueta”. A partir de los éxitos de los prototipos “Liebre” en la máxima
categoría del automovilismo nacional, existió un público entusiasta al cual
iban dirigidas estas versiones deportivas extremas. La vertiginosa evolución de los
bólidos de carreras retroalimentaba la fama de los coches de producción que les
daban origen, y en este caso, el más famoso de los prototipos TC regresaba a
las calles en una versión homologada para ese fin.
La Liebre II Sport Spider GT tenía aditamentos que permitían su uso
“civilizado”. Los parachoques delanteros eran pequeños, asomaban por la “boca” de ventilación
del radiador y se apoyaban en un refuerzo estructural interno. Los traseros
eran más convencionales, envolventes y se inspiraban en las líneas utilizadas en los
coches americanos de la época.
Los faros delanteros se ubicaban a los laterales
de la boca de entrada de aire y se complementaban con dos pequeños pilotos.
Tales faros eran idénticos a los utilizados por el coche de carreras TorinoLiebre I.
Los pilotos
traseros eran los del Torino de serie, enmarcadas en un panel negro con bordes
cromados. En el interior, para brindar al público sensaciones parecidas a las
que entregaban los coches de carrera, presentaba un torpedo muy “racing”, que
copiaba al del prototipo de competición. Mucho metal y nada de material blando
en ese sector, teniendo en cuenta de que el uso del auto como coche abierto lo
podría someter eventualmente a condiciones climáticas desfavorables.
Los
asientos eran de diseño específico, y en la parte trasera de los mismos
asomaban dos defensas tubulares cromadas.
La zaga era
plana, albergaba un generoso tanque de combustible con tapa de carga ubicada en
el panel trasero y espacio para equipaje. Dos generosas salidas de escape
asomaban en los bajos traseros.
Existían
varios colores disponibles, siempre en tonos vivos, combinados con franjas
negros. Una insignia con el toro rampante se ubicaba en el sector frontal y
central del capó. Calcas con la leyenda “Liebre II” acompañada de una silueta estilizada se
ubicaban sobre los laterales posteriores de los guardabarros delanteros y
sendas siglas “GT” en las franjas de zócalo, en sus partes traseras.
Las manijas
de las puertas eran cromadas y embutidas. Interiormente presentaba tapizados de
cuero en combinación de colores habano y negro para todas las versiones.
El motor
era el Tornado Superpower de ubicación delantera longitudinal, 6 cilindros en
línea y 3.770cc, asociado a tres carburadores Weber. Su potencia había sido
elevada a 250 HP, sólo 25 menos que el prototipo de carreras Liebre II y bastantes mas que el Torino 380 de serie, lo que combinado a su bajo peso llevaba el coche a superar los
230 km/h.
La plataforma partía de la del Torino de fábrica pero acortada, de acuerdo al
modelo de competición.
Los coches salían de los talleres de Pronello, preparados por Berta. Tenían garantía de fábrica de IKA y se vendieron durante la primera mitad de los años 70s: Durante su existencia coexistieron con otros derivados de prototipos de TC y competían con otros deportivos de serie limitada como Comahue, Chevron, y Tulia.
Obviamente,
todos los datos y cifras anteriores son ficticios, este coche nunca existió. Se
trata de una maqueta en escala que construí a partir de una Liebre II de la
colección TC de Planeta DeAgostini, pero bien pudo haber circulado por nuestras
calles. Quien sabe si algún intrépido hábil con herramientas y amoladoras no le
da vida a partir de esta maqueta. Sería un homenaje a una época irrepetible y a
aquellos autos que supimos hacer pero no supimos o no pudimos producir en serie y vender en versiones Gran Turismo.
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