sábado, 19 de mayo de 2018

COMPARATIVO: DODGE DART BARREIROS (1966) / CHRYSLER VALIANT IV (1967)

La fábrica Barreiros construyó en España el Dodge Dart, casi contemporáneamente con su aparición en Estados Unidos. Del otro lado del Atlántico, Chrysler Fevre Argentina también fabricó el auto, pero no utilizó el nombre Dodge Dart sino Chrysler Valiant.  En este comparativo vemos dos miniaturas de Ixo, la del Dart español (color crema) y la del Valiant IV argentino (color bordó).





A poco de saber que el Valiant era parte de la colección "Autos Inolvidables Argentinos" de Salvat, algunos nos imaginamos que el fabricante se basaría en el molde existente, con algunas modificaciones menores, pero grata fue la sorpresa al ver que nuevamente se trata de un molde totalmente nuevo y notablemente mejorado sobre el existente. 





Siempre haciendo la salvedad de que a la miniatura de Salvat la he retocado, en el producto del coleccionable español se aprecia la ventanilla del conductor "baja", y de esa forma se puede observar el esmero puesto por el fabricante en el detallado interior. El del coleccionable argentino trae -casi por regla general de la colección- todos sus vidrios cerrados, lo que impide ver tanto el interior original como los retoques. Es una pena porque todos los coches tienen un gran trabajo en los mismos, estando reproducidos fielmente los detalles originales del auto, aunque siempre en plástico negro. 






En una vista lateral se nota que existen diferencias entre ambos en el sector frontal de los guardabarros. En realidad el Dart español tenía ese sector y el frontal, muy parecidos a los del Valiant III argentino. En esta sesión de fotos aún no había agregado las bandas blancas a los neumáticos del coche nacional, el español las traía desde el blister. 





En las partes traseras y en los techos aparecen las diferencias en los moldes. El antiguo es un poco más redondeado, el nuevo es más afilado, y más acorde a las líneas reales del coche. 





Las grillas frontales muestran las principales diferencias de las carrocerías. La trompa del Barreiros tiene mas relación con las del Valiant III argentino. Posteriormente el coche adoptó un frontal idéntico al de su par sudamericano. Otro error del molde viejo era el parabrisas redondeado que se nota en la foto, en realidad el coche lo tenía más rectilíneo, en ese sentido el nuevo molde mejoró mucho. 





En la parte trasera también se notan mejoras. En la práctica, las zagas de estos modelos eran muy parecidas, prácticamente idénticas. Pero el molde del coche de Salvat nos parece mucho mas familiar que el de Altaya. Las lunetas también tenía sus defectos, era demasiado redondeada. Se corrigió bastante en el nuevo molde. Los pilotos traseros, que en el Bareiros aparecen metidos muy adentro de la carrocería, se corren más a los costados en el Valiant, afectando también la moldura de la parte trasera de los guardabarros, que van generando una curva que termina en el borde de los mismos, detalle que en viejo molde no aparece. 





En esta vista vemos diferencia en los diseños del capó, que se correspondían con la realidad de ambos modelos. Se nota aquí que el repaso ha sido hecho en prácticamente todo el modelo, afectando techo, vanos de vidrios, molduras, guardabarros, e incluso tapa de baúl. 

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miércoles, 16 de mayo de 2018

CHRYSLER VALIANT IV (1967)

Chrysler Fevre de Argentina producía vehículos Valiant desde 1962, siendo la competencia local para los Ford Falcon, Chevrolet 400 y Rambler por varios años. Al igual que en el caso de los Rambler, los Valiant presentaron cuatro modelos en pocos años. El que nos ocupa ahora es el cuarto y último de ellos, conocido localmente como “Valiant IV”, aunque en otros países era ni mas ni menos que un Dodge Dart.





El Valiant IV tenía una carrocería derivada del modelo anterior, aunque con líneas mas rectas y cambios estilísticos, especialmente en sus sectores frontal y trasero. Luego de varios años de producción local, los Valiant presentaban alto porcentaje de piezas locales en su construcción, en el caso de este coche ese porcentaje llegaba al 94%.



Amplio y confortable, junto con el Rambler Ambassador el Valiant IV era uno de los autos más grandes del mercado. Podía llevar cómodamente a seis personas. Su largo era de 5,05 metros, y su distancia entre ejes de 2,82.



Tenía motor de seis cilindros en línea de 3.687 cc, el conocido “Slant Six” que luego se prolongó en la oferta a través de los Dodge que reemplazaron al Valiant. La potencia era de entre 137 y 180 HP, según las versiones, y la caja de tres velocidades con cambio al volante. Llegaba a una máxima de 149 km/h.



Existían tres variantes de equipamiento del Valiant IV, presentado en 1966: La entrada de gama se llamaba solamente “Valiant IV”, la más potente era la “GT” (con palanca de cambios al piso) y la de lujo era llamada “Coronado”, que presentaba también la parte posterior del techo en vinílico.



 Entre el equipamiento estándar que ofrecía el coche estaban los apoyabrazos en las puertas, lavaparabrisas, encendedor, radio, neumáticos con banda blanca, tapizados exclusivos y seis colores disponibles de pintura metalizada en las carrocerías.



Esta versión se fabricó por dos años, entre 1966 y 1968. Fue reemplazado por la serie “Dodge”, que a su vez era una adaptación local de la siguiente generación de Dart norteamericano. Pero el nombre “Valiant” era tan prestigioso en el medio local, que los primeros coches se llamaron “Dodge Valiant” a fin de mantener en el público la idea de continuidad del modelo.



La miniatura es de la serie “Autos Inolvidables Argentinos” de Salvat. Es un molde que se parece mucho a su versión mexicana, aunque con los siempre bienvenidos y celebrados detalles que los convierten en “argentinos”. Tiene poco que ver con el molde antiguo que conocimos en el caso del Dart Barreiros español, y las diferencias entre ambos las veremos en la entrada siguiente.




A mi unidad le realicé los retoques usuales en interiores, escape, leve sombreado de parrilla, bandas blancas en neumáticos y recuadro color carrocería en luneta.




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domingo, 13 de mayo de 2018

TC - CHEVROLET COUPE JUAN MANUEL FANGIO (1940)

En el automovilismo deportivo argentino existe una categoría que figura en el libro Guiness de récords por ser la más antigua del mundo aún en actividad. Sus orígenes se remontan al período de Entreguerras y se componía por autos de calle “con techo”, los que eran artesanalmente mejorados a fin de someterlos a durísimas pruebas en caminos difíciles o inexistentes aún. Los autos de turismo estándar se lanzaban a devorar kilómetros a las carreteras precarias, y de ahí el nombre que la categoría utilizó, en sus primeros años “Coches de Gran Premio”, luego “Turismo de Carretera” y posteriormente “Turismo Carretera” o simplemente “TC”. El Turismo Carretera abrió caminos y rutas en un país extenso y por entonces con casi toda su red vial constituída por caminos de tierra. Los tramos pavimentados eran muy pocos, por lo general en los alrededores de las grandes ciudades, pero en casi ningún caso se comunicaban éstas entre sí por medio de rutas asfaltadas.



Aquellos pioneros de la velocidad usaban lo que tenían a mano para despuntar su afición. Los coches estándar permitían a muchos mecánicos –por lo general de pueblos y ciudades del interior del país- meter mano a chasis, carrocerías y motores a fin de lograr los mejores tiempos en competencia. Las metas eran muy ambiciosas: unir ciudades importantes del país, para luego proyectarse a capitales de Sudamérica. El sueño mayor era una carrera entre Buenos Aires y Nueva York.



La categoría en sus principios, era muy similar a lo que hoy es el Rally, claro que por aquellos años éste aún no se había inventado. Los coches eran despojados de elementos superfluos como guardabarros o tapas de baúl, a los efectos de alivianar peso. Como los trayectos eran tan largos, tanques adicionales de nafta y agua tenían que tener su lugar en algún lado de la máquina, así como también varias ruedas de repuesto. El piloto iba acompañado de un mecánico, por lo general uno de ellos, o ambos en la mayoría de los casos, eran mecánicos y quizás los propios constructores del coche, por lo cual los bólidos no tenían ningún secreto y la tripulación estaba capacitada para realizar reparaciones en aquellos caminos carentes de estaciones de servicio o talleres.



Un joven de Balcarce, Juan Manuel Fangio, decidió incursionar en la mecánica, ya que no quería seguir los consejos de su padre para que se dedicara al oficio de la albañilería. Desde los 13 años trabajaba como ayudante en un taller mecánico. Participó mas tarde en competencias de diversas categorías, habiendo empezado como acompañante de pilotos locales. En 1938 corre su primera carrera en TC con un Ford.



En 1940 quiere participar en el campeonato, para lo cual organiza una rifa con el objetivo de recaudar fondos para comprar un coche. Adquiere un Chevrolet coupé de color verde, el cual a su vez era el primer premio de la rifa. Lo recaudado le sirve finalmente para ponerse al día con acreedores varios y para comprar definitivamente el coche. Con él corrió y salió campeón en ese año. La carrera más memorable de 1940 fue el “Gran Premio del Norte”, competencia que unió Buenos Aires con Lima (Perú). Los coches desarrollaban en aquellos hostiles caminos, promedios que superaban los 120 km/h. El Chevrolet verde número 26 de Fangio llegaba primero, siendo ésta la primera victoria trascendente de una carrera personal que lo llevaría a ser cinco veces campeón mundial de Fórmula 1.



 Aquel cupé Chevrolet modelo 1940 tenía motor de seis cilindros en línea, de 3.432cc, y 110 caballos de potencia. Su distancia entre ejes era de 2.840mm. La estructura estaba formada por largueros de acero en forma de “U” y travesaños. Su peso en carrera era de 1600 kilos, incluyendo un tanque de combustible llevado a los 230 litros de capacidad mas otro de reserva de 60. Era capaz de desarrollar una velocidad máxima de 160 km/h.



La nueva colección de DeAgostini “Los mejores autos de Turismo Carretera” hace su aparición en Argentina en medio de la fiebre coleccionista local, en la cual coexisten actualmente casi una decena de propuestas editoriales. Causó una verdadera revolución por lo esperada de esta serie, y por el arraigo que tiene el TC entre los aficionados locales. No deja de ser una jugada arriesgada por parte de la editoria, ya que estos coches son netamente “de consumo interno”, y a diferencia de, por ejemplo, los “Autos Inolvidables Argentinos” de Salvat, estos TC seguramente no despertarán mayor interés fuera de nuestro país.



Para seguir con las sorpresas agradables, los coches presentan impecables niveles de terminación, incluyendo detallado interior en colores, lo cual es raro en coches de competición en escala, y aún no está disponible ni siquiera en las colecciones de autos de calle, donde la presencia de colores en los tapizados sería más deseable. Este Chevrolet de Fangio no es el primer número de la colección, pero lo elegí para presentarlo aquí como el que inaugura esta serie de posts, por su importancia histórica y cronológica. Inauguro también con esta entrada, la división “Racing” de mi colección, que hasta el momento no tenía ningún ejemplar “de carreras”. La temática del TC me resulta muy interesante porque se trataba de coches de calle con leves adaptaciones, por lo cual la historia de la categoría iba de la mano con la historia de la automoción en nuestro país. Es además un compendio del ingenio y la destreza de mecánicos y preparadores locales, que lograron producir bólidos a partir de coches familiares, con los recursos disponibles en el principio, y con los más avanzados en la actualidad. Hubo épocas en las que el desarrollo de nuevos modelos era febril y la imaginación no tenía techo, habiéndose producido los autos de carreras más pintorescos e innovadores del mundo. Esperemos que tales ejemplares sean parte de esta colección (anunciada en principio en 60 unidades) o eventualmente de una ampliación de la misma.



En estas entradas correspondientes al TC no voy a centrarme en datos duros y estadísticos de las competencias, que no son mi fuerte y además se olvidan fácilmente, sino en características de los coches, el entorno en el que se desenvolvían, y curiosidades de los mismos, los que pueden ser más interesantes para quienes como yo, admiramos mas las líneas de estos autos que sus desempeños en las pistas.


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jueves, 10 de mayo de 2018

DKW 3=6 (1957)

Conocido internamente como DKW F93, el nuevo modelo de DKW desarrollado a partir de 1955, venía a reemplazar al anterior F91.



Se trataba de una carrocería similar al de su antecesor, pero más larga y ancha. Su motor era un poco mas potente, desarrollaba 38HP a 4.200 RPM.



El parabrisas, a diferencia del modelo anterior que era de dos piezas planas, era una sola plancha curvada con bordes cromados. La nueva parrilla era de forma ovalada.



Su nombre, “3=6” significaba que su motor de tres cilindros y dos tiempos tenía un rendimiento y suavidad de marcha que recordaba a un cuatro tiempos de seis cilindros.



A partir de la adquisición de Auto Union por parte de Daimler Benz, desde mediados de 1958 el auto se comercializó con el nombre “DKW 900” y luego como “Auto Union 1000”.



Entre septiembre de 1955 y julio de 1959 se vendieron en Alemania un total de 137.800 vehículos, incluyendo 19.531 rurales. Además, el carrocero Karmann construyó 667 cabriolets de dos y cuatro asientos.



A partir de 1957 estuvo disponible un sedán de cuatro puertas, conocido en fábrica como F94. Su distancia entre ejes estaba ampliada en 10 centímetros respecto a la de dos puertas.



El auto fue producido también en Brasil y Argentina, hasta los años 1967 y 1969 respectivamente. La miniatura es marca Norev.


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lunes, 7 de mayo de 2018

AMC/VAM RAMBLER AMERICAN RALLY (1969)

AMC de Estados Unidos producía los vehículos de la marca Rambler. Entre ellos, la línea “American”, se puede decir que fue la serie de autos “compactos” pionera en el segmento, que por mediados de los años 60s presentaba su tercera generación.



El Rambler American de 1964 era completamente distinto a la generación precedente. Había sido diseñado por Richard A. Teague, y su trabajo había sido ponderado por presentar lineas simples, armónicas y muy proporcionadas, que se adelantaron a su tiempo. Algunas revistas especializadas ubicaron al American como el “auto más atractivo” de 1964.



Se presentaba en distintas versiones de carrocerías, cuatro puertas, pickup, station wagon, coupé hardtop pilarless y convertible. Las denominaciones cambiaban de acuerdo a las potencias de motor y niveles de equipamiento. La versión coupé de techo duro y sin pilares pasó a llamarse “American Rogue” a partir de 1966, y fue la base sobre la que Pininfarina desarrolló la coupé Torino para IKA de Argentina. La versión cuatro puertas también fué adaptada por el diseñador italiano para dar base a aquél icónico coche que tantos recuerdos dejó en nuestro país. 



Mientras tanto, en México, la compañía Vehículos Automotores Mexicanos (VAM), que venía fabricando modelos Willys Overland, firmó en 1963 un acuerdo con AMC por el cual se convertía en importador de los productos Rambler. Prontamente esos coches comenzaron a producirse localmente en el país azteca, debido a una ley del gobierno que exigía que los autos que se comercializaban tuvieran al menos un 60% de piezas de origen local. El American fue uno de los coches que VAM eligió para fabricar en México.



El tamaño intermedio del coche, su diseño limpio y moderno, y ahora el hecho de ser un producto local, pronto le proporcionaron una buena fama, la que se consolidó con los sucesivos éxitos deportivos del modelo. El Rambler American pasó así a convertirse en uno de los modelos más vendidos en México.



Tenía dos opciones de motor de seis cilindros en línea, de 3,3 y 3,8 litros respectivamente. En 1969 aparece la versión “American Rally”. El coche adoptaba el restyling que había presentado en Estados Unidos en 1966, que transformaba las molduras donde se insertaban los faros delanteros de redondas a cuadrangulares. Tenía butacas delanteras individuales.



El motor de seis cilindros en línea de la versión "Rally" era el de 3.801cc, rindiendo 145CV. Estaba asociado a una caja de tres velocidades.



Alcanzaba los 170 km/h y su consumo promedio era muy bueno para coches de su época y categoría: 6,1 litros cada 100km. Como en el caso de muchos Rambler contemporáneos, sus partes eran intercambiables con otros modelos de la marca, como puertas, parabrisas, techos y lunetas. Su diseño era también obra de Richard Teague, que tuvo a su cargo también el desarrollo de varios otros modelos de la marca.



La miniatura es de la colección “Grandes Autos Memorables”, de México. Tiene varios retoques artesanales, como el agregado de bandas blancas a los neumáticos, pintado de interiores y de caño de escape.

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