Pocos
vehículos han sido tan emblemáticos en la historia del automóvil como la pick
up F-100 de Ford. Durante sus casi siete décadas de producción, se convirtió en
uno de los coches más vendidos del mundo, y en el número uno indiscutido en la
historia de ventas de los Estados Unidos, considerando globalmente el conjunto
de autos de turismo y pick ups.
En nuestro
país, la F-100
fue un ícono. Su imagen se relaciona directamente con el campo, y su desempeño
en las labores rurales y en los caminos exigentes de dio su bien ganada fama de
vehículo noble, confiable y muy robusto.
La tercera
generación que se fabricó aquí correspondía a la quinta en los Estados Unidos.
Se presentó en 1968 y en 1972 apareció un restyling que corresponde con la
miniatura de la editorial Salvat que estamos observando.
La tercera
serie de F 100 argentina estaba montada sobre la plataforma de la anterior, y
heredaba algunas partes mecánicas, como así también (curiosamente) los pilotos
traseros, siendo un detalle propiamente local, que la distinguía exteriormente
de su par norteamericana, incluso de la brasileña.
La nueva
generación contaba con calefacción. Los motores eran tres, un V8 de 292 pulgadas cúbicas,
un seis cilindros en línea, ambos naftenos, y un cuatro cilindros Diésel. A
todos ellos se acoplaban cajas manuales de tres marchas hacia adelante.
La
suspensión delantera era la misma que había sido estrenada en la generación
anterior, los dos ejes gemelos “Twin I Beam”, con resortes helicoidales y
amortiguadores telescópicos. La trasera era de elásticos longitudinales con
amortiguadores estándar. Los frenos
eran de tambor en las cuatro ruedas, pero de buena eficiencia aún exigiéndolos
con carga completa. La velocidad máxima de la versión V-8 era de 145 km/h.

La
miniatura de Salvat representa una versión básica de la F-100, ya que las máslujosas traían de serie pintura bicolor y algún elemento cromado extra, tanto
en el contorno del parabrisas como en las líneas de cintura. Tiene como
siempre, puntos a favor y en contra. Los que tiene en contra sólo se pueden
achacar al bajo costo de producción, lo cual es lógico y esperable. Sin
embargo, el punto a favor es muy meritorio, ya que la editorial se tomó el
trabajo de producir la miniatura con las ópticas traseras y la tapa de la caja de carga argentinas,
modificando el conocido molde de Ixo por medio del cual se fabricaron las
versiones de otros coleccionables de la región, e incluso la versión tope de
gama de la línea “Premium X”.

Otro
elemento que utilizaron para “argentinizar” el modelo es la rueda auxiliar
ubicada en la caja de carga. Se le puede reprochar el hecho de que hayan
utilizado una rueda idéntica a las que calza la camioneta, siendo que
originalmente esa llanta iba montada al revés, no tenía taza, y la parte
visible hubiera sido la interior, y no la exterior.
Las mejoras
artesanales que le he introducido son el pintado de los interiores, en blanco,
ya que este modelo tenía muchas partes de chapa a la vista. Algunos contaban
con el salpicadero íntegramente metálico pintado del color de la carrocería,
pero las pick ups de colores claros tenían un cobertor de cuerina negra en la
parte superior del mismo a fin de evitar molestos reflejos en el parabrisas.
Esa configuración es la que traté de reproducir.

A la
parrilla, íntegramente plateada, le pinté las oquedades de negro. Pinté de
negro también los centros de las llantas. El trabajo más relevante y más
complicado de realizar fue aumentar el despeje del suelo. La miniatura tal cual
sale del blister, está fabricada con el mismo criterio de la que pertenece al
sello “Premium X”, y representa una versión norteamericana. Allá el despeje era
menor, y la trompa estaba mucho más caída de adelante, mucho más semejante a un
automóvil. En Argentina el despeje se aumentaba a fin de adaptarla a las
condiciones más extremas de nuestros caminos. Al eje trasero también lo he
levantado pero en menor medida, a fin de mantener la armonía del conjunto.
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